El Peor Desastre de Espionaje de la CIA en China: La Purga que Nadie Conoce
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Vivimos en un mundo interconectado con la masificación de la tecnología y la informática presente en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida. Hemos conseguido acceso a cantidades de información prácticamente ilimitadas. Estos documentos fueron diseñados como parte de uno de los proyectos más avanzados de la cibernética mundial de esta época, una idea extremadamente vanguardista llevada adelante por el gobierno de la Unidad Popular para el control y gestión de las empresas chilenas. Cybersyn, la mal llamada internet de Allende, fue un proyecto que estuvo al borde de materializarse y cuyos detalles se mantuvieron lejos del conocimiento público durante décadas. Fue como uno de esos sueños que se fumaron en el aire luego del golpe militar de 1973, pero que hoy rescataremos a través de los testimonios de sus propios protagonistas en Chile y el extranjero, que con sus testimonios, sueños y frustraciones nos ayudarán a reconstruir la historia increíble de este primer proyecto de gobierno cibernético en la historia de la humanidad.
Estamos en Santiago de Chile, en plena comuna de Providencia, y fue a escasos metros de acá, al otro lado del río, donde estuvo instalada la sala de operaciones de quizá el proyecto más importante de la cibernética mundial: el Proyecto Cybersyn, también conocido como Proyecto Cinco. A partir de este proyecto Chile se posiciona dentro del mapa de la cibernética global. Fue una experiencia tecnológica muy de avanzada, muy de punta en el mundo, con un ambiente de ciencia ficción, pero eso existió y existió realmente y funcionó. Era más vanguardista de lo que pensábamos. En ese sentido, Silicon Valley es un proyecto técnico: la gente se dedica a eso, pero no importa un rábano cómo se organiza, cómo se distribuye, cómo se usan las cosas que producen. Toda la información era visual. Cybersyn era una idea vaga para todos, no era un encargo específico. Había que diseñar una sala que proyecte información y que tenga sillas ergonómicas con ciertas especificaciones.
Cybersyn fue un proyecto ejemplar a nivel mundial de cómo el diseño utilizado de manera estratégica puede hacer el traspaso de la ciencia ficción a la ciencia real. No es un proyecto utópico, no tiene nada de utópico: el proyecto funcionó, operó. Cybersyn es un ejemplo que expone las posibilidades que se pueden desarrollar en un país precario, pobre, y aún así transformar el mundo. Esto hay que salvarlo porque es historia. Salimos de ahí y vino una ráfaga de ametralladora al suelo. Esta silla tiene un lugar importante en la historia de Chile: fue construida por ingenieros y diseñadores chilenos y extranjeros en el marco de un proyecto prodigioso.
Hoy en Chile Secreto hablaremos de Cybersyn, quizá el proyecto tecnológico y desconocido más importante de la historia de nuestro país. Es el año 1972 en Chile, pleno gobierno de la UP, cuando viaja desde Gran Bretaña el más importante cibernético del mundo para instalar una red de telecomunicaciones conectada a computadores para convertir básicamente a Chile en el primer gobierno cibernético de la historia. En las elecciones del 4 de septiembre de 1970 Allende obtuvo el 36,6% de los votos. Dos meses después asumió como presidente de la República, dando inicio al más importante proceso de cambios sociales, económicos y políticos en la historia de Chile. Como líder de la Unidad Popular, Allende se convirtió en el primer mandatario socialista del mundo en ser elegido democráticamente. Venía con un programa muy radical de cambio en lo cual se planteaba la creación de un área de propiedad social con las mayores empresas de la economía del país, eran expropiadas 91, más nacionalización de la banca, nacionalización del cobre y una reforma agraria muy extensa.
Cuando comenzó el paso a la propiedad social, es donde yo diría la visión más idealista de creer que eso solo iba a resolver el problema económico se encontró con las prácticas de gestión de las empresas. Lo que el presidente Salvador Allende necesitaba era coordinar y mejorar sustancialmente la gestión de las empresas del Estado en un país demasiado largo e incomunicado. Una idea que constituyó un tremendo desafío para la época y que requirió de un largo proceso de aprendizaje para su desarrollo.
¿Qué significaba realmente la cibernética para el plan del gobierno? ¿A qué apuntaba este concepto? Juan Álvarez y Claudio Gutiérrez, expertos del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile, conocen el desarrollo de la cibernética en nuestro país y cómo el gobierno de Allende pretendía aplicar esta ciencia a la administración de las empresas. La cibernética es una disciplina que nació por ahí a mediados del siglo XX, y la definición es ciencia de la comunicación y el control. La idea es que en ese momento la automatización había crecido bastante, se había incorporado a muchas esferas y se empezaba a poder implementar una serie de aparatos de manera que funcionaban solos. Piensa en el ejemplo de Norbert Wiener, el creador de la cibernética: el aparato de agua del water. Tú tiras la cadena y ese aparato, con solo ese movimiento, recibe la instrucción para vaciar el estanque y llenarlo de nuevo a una altura determinada, totalmente automático. Eso no tiene nada que ver con computación, pero es un aparato. Entonces la cibernética en general es la ciencia de cómo controlar, dar y comunicar instrucciones a máquinas.
Uno de los hombres clave en el desarrollo de la cibernética en el mundo, conocido como el padre de la cibernética de la gestión, fue el británico Stafford Beer. Un genio de la época que fue contactado en 1970 por Fernando Flores, director técnico de la CORFO, para implementar una de sus innovadoras ideas en todo el país. Para conocer el origen y los primeros pasos de esta historia fuimos al encuentro de Enrique Rivera, quien ha investigado en profundidad este tema. Fernando Flores fue uno de los ministros más jóvenes que ha tenido la historia política de Chile. Tuvo la fuerza de aplicar un proyecto que en esa época podría considerarse vanguardista por traer las tecnologías y aplicarlas en un contexto de gobierno. Cuando Flores sale de Ferrocarriles del Estado, llamado CORFO, trae la metodología de Cybersyn. Viaja primero a España, después a Inglaterra, se junta con Stafford Beer, lo convence, lo trae. Claramente su papel en esta historia es fundamental.
Stafford Beer fue un teórico británico, consultor de negocios y académico. Fue un verdadero innovador al instalar modelos organizacionales cibernéticos para la gestión de las empresas, un auténtico gurú moderno de aquellos que prefiguran el mundo tal como lo conocemos hoy. Antes de venir a Chile era una persona que manejaba un Rolls-Royce, vivía en una mansión, era multimillonario, prestaba servicios desde su empresa Sigma a la empresa de ferrocarriles en Inglaterra. Él ya estaba aplicando sus ideas en empresas privadas. La cibernética estaba siendo aplicada a la economía, a la biología, a otras áreas. Stafford Beer se preocupa de aplicarla a la empresa. A comienzos de los años 70 se ve la necesidad de organizar el área social de producción en Chile, es decir, las empresas, y organizarlas de otra manera. Flores se engancha con esta idea y pide a Stafford Beer quiere hacer, yo diría, una versión 2.0, pero ahora un poquito más allá: no es para una empresa, es para un conjunto de empresas, la sociedad. Y ahí vamos al proyecto.
Finalmente Stafford Beer llega a Chile, le presenta el proyecto al subsecretario de Economía de la época, Óscar Guillermo Garretón, quien aprueba la idea y le da el pase para que se reúna con el presidente Salvador Allende. En ese momento el gran desafío de Stafford Beer era explicarle al máximo líder del país de qué se trataba este innovador proyecto. Fue justamente en el antiguo Hotel Carrera, donde hoy está el Ministerio de Relaciones Exteriores, un edificio fundado en 1940 como parte de la remodelación del barrio cívico de Santiago, donde se hospedó el británico. Una vez que obtuvo la autorización de la Subsecretaría de Economía para llevar adelante su proyecto, solo tuvo que cruzar la calle para llegar a La Moneda y tener una reunión clave con Salvador Allende. Esa es la historia de la cibernética mundial.
Stafford Beer recuerda: «Era médico, como ustedes saben, y por lo tanto fue muy fácil explicarle el modelo en términos de neurofisiología, como la forma de controlar el cuerpo. Y le dije: supongamos que estos elementos del Estado son los grandes ministerios, como Relaciones Exteriores, Economía, Interior, etcétera. Y entonces…».
Aquí empieza entonces un grupo de gente en Chile, en CORFO, trabajando, y un grupo de Stafford Beer que está en Inglaterra. Stafford Beer viene mucho a Chile, trabaja varios meses aquí, pero viaja también a Inglaterra, y empiezan a concebir un sistema que permitiera el control de las empresas del Estado y, por lo tanto, la planificación de la economía. En 1972 el grupo de científicos chilenos y británicos, dirigidos por este gurú extraño al que le gustaba el whisky, conversar con Neruda y tocar guitarra con Ángel Parra, inicia un proyecto gubernamental de carácter confidencial, de absoluta prioridad, que debe trabajar en secreto y a toda máquina, dependiendo exclusivamente del presidente de la República.
Ese grupo de científicos era liderado por Raúl Espejo, director operacional del Proyecto Cinco, quien junto a Fernando Flores gestionó la llegada de Stafford Beer al país. Raúl, actualmente radicado en Londres, recuerda los inicios de un proyecto que en su momento parecía casi imposible. El espíritu que había era de gran entusiasmo. Realmente nos apasionaba todo lo que venía del trabajo de él. Y ya desde la CORFO empieza a surgir la necesidad de pensar en forma creativa y novedosa en relación a todo esto. Fue un grupo motivado por todos los cambios que se estaban dando en los años 60 y 70. Las ideas de Stafford Beer eran extraordinariamente interesantes porque tenían que ver con un control democrático de la sociedad. El Sistema C, a nivel conceptual, lo que está haciendo es cómo democratizar ese sistema, es decir, cómo hacer participar a todo el mundo en eso.
Así surge el Proyecto Cybersyn, también conocido como Cinco: un sistema de planificación económica controlada en tiempo real, el proyecto tecnológico más innovador del mundo para la época. Y allí entonces se diseña un sistema dividido en cuatro subsistemas. Por un lado, una red de comunicación: se necesitaba que la información de las industrias fuera transmitida a algún lugar central a través de una red de telex que se instaló en las empresas. Con eso la idea era estar lo más cerca posible al tiempo real. Teníamos máquinas de telex que habían quedado del gobierno de Frei en la empresa de telecomunicaciones sin uso alguno dentro de una bodega, y aquí les empezamos a dar una aplicación, un uso. Un telex es un dispositivo telegráfico de transmisión de datos ya obsoleto, utilizado durante el siglo XX para enviar y recibir mensajes mecanografiados punto a punto a través de un canal de comunicación simple, a menudo un par de cables de telégrafo.
Eso fue lo que permitió que los datos que salían de las empresas fluyeran a una sala que estaba en La Moneda. Los enviaba inmediatamente a ECOM, y en ECOM se desarrolló una serie de programas computacionales con apoyo de expertos internacionales. Una vez que la información de las empresas era procesada, se generaban informes casi en tiempo real a través del software Cyberstride, diseñado por la Empresa Nacional de Computación ECOM y la empresa inglesa John Anderson, siendo este el primer paso del sistema operativo del proyecto. El paso que venía tras la recolección de datos era pasar la información al proyecto CHECO, conocido en inglés como Chilean Economy, que creaba simulaciones del comportamiento de la economía chilena a mediano y largo plazo, para luego proyectarlas en la sala de operaciones de Cybersyn. Se pretendía que con toda la información de la producción de las empresas se iba a poder planificar la economía. Estamos hablando de un gobierno que va camino al socialismo y, por tanto, era necesario que el Estado planificara la economía.
Nosotros recibíamos las primeras empresas que nos enviaban información, no más allá de 10 indicadores más importantes de la empresa. Nosotros la reducíamos, estaban entre cero y uno. Entonces trabajábamos ahí, llevábamos la información después a ECOM, que nos daba hora para ir a trabajar. Llegábamos con nuestra caja de tarjetas, operábamos esto y volvíamos con las sábanas. La sábana era el resultado que nos daba el computador, era papel impreso de unas 30 páginas.
Con el afán de entregarle más poder a la gente se desarrolló Cyberfolk, un proyecto que utilizaba redes de modo rudimentario. Se trataba básicamente de un canal de televisión donde se veían y escuchaban las sesiones del alcalde. Tenía instalada una botonera con la que el ciudadano podía opinar y votar sobre las decisiones de su municipio en tiempo real. Un prototipo de Cyberfolk llegó a operar con éxito en la ciudad de Tomé, en la Octava Región. Un ejemplo de otros tiempos: hoy tenemos esas redes en cada casa. ¿Por qué no se realizan iniciativas de esta naturaleza? Sencillo: hoy nadie quiere entregarle poder a las personas.
Cuando los diarios británicos revelaron la existencia del Proyecto Cybersyn, fue la prensa chilena de oposición la que hizo eco. Desinformación, palabras como control, fiscalización, secreto, fueron verdaderas consignas de una prensa muy radicalizada y destructiva. Aunque ustedes no lo crean, presentaron en sus páginas a Cybersyn como un proyecto malévolo de ciencia ficción destinado a controlar la mente de todos los chilenos.
El lugar donde confluían las decisiones era sin duda la parte más impactante de Cinco. La llamaban Sala de Operaciones, más conocida por su nombre en inglés Opsroom: una impresionante cubierta de mando que parecía salida de algún capítulo de Star Trek o de 2001: Odisea del Espacio. Una de las cosas interesantes de la sala de operaciones del Proyecto Cybersyn es que, por ejemplo, cuando tú llegabas a la sala de operaciones, en la ficción de la proyección de todo esto, te ibas a encontrar primero con una pantalla con Allende explicándote y dándote la bienvenida al proyecto.
La figura central para llevar a cabo el diseño del proyecto fue el académico alemán Gui Bonsiepe, una eminencia del diseño industrial que impartió clases en diversas universidades del mundo, entre ellas la muy reconocida Universidad de Ulm en Alemania. Eso es cosa atípica, no cabe en los modelos como se imagina una historia donde hay países dominantes y después llegan varios escalones, y nosotros acá en Sudamérica somos el penúltimo escalón. No, este paradigma hegemónico ha sido quebrado por la experiencia chilena. En un contexto histórico más amplio, mostró que es posible hacer cosas nuevas en la periferia. Así como Stafford Beer viene y aplica estas nociones de cibernética, por otro lado viene Gui Bonsiepe que aplica estas nociones de diseño que había rescatado de la Universidad de Ulm, de la escuela de Ulm en Alemania. Este era un diseño que claramente tenía la función de servir a una comunidad, no era un diseño para que se vieran bonitas las cosas. Entonces había toda una noción de ergonomía. Las sillas, por ejemplo, tienen esta forma porque la idea era que estuvieras cómodo en una conversación larga, y tenía este panel de control que tú, a partir de la combinación de los botones, podías ver cuál era la combinación que tenías que aplicar para poder tener la información.
Rodrigo Walker fue uno de los diseñadores que trabajó en el equipo de Gui Bonsiepe, el encargado de la imagen de la sala de operaciones del Proyecto Cybersyn. El desafío de aquella época era hacer algo sin precedentes, en materiales nunca antes utilizados en el país, y al parecer lo lograron. No había un punto de referencia, no existía. Empezaron a pasar los requerimientos que para la época eran rarísimos. En la sala no habían papeles, lápices, nada para escribir: no se escribía. La segunda cosa: tenía que ser siete personas y no más de siete, porque Stafford Beer decía que más de siete no se podían tomar decisiones. Toda la información era visual y tenía que ser impar para llegar a acuerdos. Cybersyn era una idea vaga para todos, no era un encargo específico. Había que diseñar una sala que proyecte información y que tenga estas sillas ergonómicas con ciertas especificaciones, que tenían que girar, mirar, girar 360 grados. La información tenía que estar en las paredes y empezamos a maquetar esto.
Por otra parte estaba todo el manejo de la información, que Gui Bonsiepe con su equipo empezaba a desarrollar. Nosotros, sin tener un background como para entender a todos esos potentes profesionales que ya estaban trabajando en eso, pudimos hacer algún tipo de aporte en algo tan abstracto y tan loco como pretender mostrarle a siete personas que se iban a sentar en esas sillas fantásticas y futuristas, a través de unos gráficos que eran un flujograma, muy abstracto. El gran desafío en los años 70, sin ningún tipo de tecnología digital, fue hacer que la información del Opsroom funcionara casi como un sistema operativo de la actualidad, salvo por un detalle: funcionaba de manera artesanal.
¿Cómo se proyectaban las imágenes en las pantallas del Opsroom? Cartulina negra de base y los tonos que hubieran de amarillos, naranjas, rojos, en fin, cajas. Éramos fanáticas de buscar el color y pegamento común y corriente, cortado a mano, una locura. Y las letras hechas con unas plantillas con tinta blanca que costaba que pegara. Eso había que fotografiarlo, después ordenar en el carrusel. Ya que todos los que trabajamos con diapositiva en esa época sabemos lo que es ordenar cuando se va una diapositiva equivocada. No eran dos o tres carruseles, eran como 30 carruseles, todos coordinados con un computador que se desarrolló, que daba la orden a la diapositiva. Cuando desde el sillón uno decía triángulo, círculo, cuadrado, agarraba el carrusel, separaba y proyectaba.
Una vez que el Opsroom y las herramientas para visualizar la información estuvieron terminados, se anunció un gran acontecimiento. Montamos el aparato, probamos, coordinamos los carretes, los carruseles, todo estaba funcionando. Llegó el presidente Salvador Allende a operar y falló. No funcionó. Se volvió loco, se enojó. Los carruseles empezaron a tirar información que no correspondía. ¿Sabes lo que pasó? El calor de los carruseles desordenaba todo.
Pese a que el Opsroom no funcionó cuando fue presentado al presidente Allende, la sala demostraría su utilidad solo unos días más tarde. Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos en la época, había prometido hacer aullar una ya muy mal administrada economía chilena con boicots, bloqueos, negación de créditos y confiscando buques completos con cobre chileno en puertos de todo el mundo. Además, con la entrega de millones de dólares a la oposición chilena para financiar la desestabilización del gobierno, todo respaldado por cables desclasificados de la CIA. Una de esas manifestaciones fue el gran paro de los camioneros del día 9 de octubre de 1972. Ese día pararon 50.000 camiones, quedando solo 400 leales al gobierno. El Opsroom se echó a andar frenéticamente y, con menos del 1% de los camiones habituales, se logró sostener el abastecimiento básico de Santiago gracias a la coordinación y eficiencia de Cybersyn.
Se paró todo el transporte, se paró el abastecimiento y en eso empieza una crisis fundamental a nivel nacional. Sale la idea de utilizar el sistema de telex que se había instalado ya en una cantidad enorme de empresas, y no solamente empresas sino también en los ministerios, distintos lugares y hasta en la Presidencia misma. Utilizar esa red para ayudar a las empresas a que pudieran expresar mejor qué y cuáles eran los problemas que estaban viviendo y cuáles eran las situaciones que requerían atención. Allí tuvieron que, con esta sala de control y con toda la información que tenían de la economía, poder de alguna manera eludir los efectos del paro de los camioneros y organizar la red de distribución de los productos y la producción a través de este sistema. De hecho fue una prueba bien interesante del Sistema Cinco.
Imagínate un mundo donde los informes y planillas Excel se hacen a mano y debes además enviarlos por correo. Tomar una decisión podía demorar preciosas semanas después de que los problemas ya habían ocurrido y el daño estaba hecho. Cybersyn proponía una red de empresas interconectadas que funcionarían coordinadamente como un organismo, como un país. Si en Talca la producción de remolacha aumentaba, sonaban de inmediato las alarmas y se sacaban camiones de algún molino de Curicó, por ejemplo, para cubrir la demanda. Se instruía a la fábrica de bolsas para azúcar para que aumentaran su producción y se contrataba más personal para cubrir la necesidad. Todo en tiempo real, coordinado y eficiente como una danza, o al menos eso se buscaba. Un gobierno cibernético que era un sueño lejano en los países más desarrollados del planeta.
Sin embargo, los sueños pueden destruirse. Cybersyn estuvo terminado y operativo en agosto de 1973, solo días antes del golpe que civiles y militares opositores hicieron estallar en el centro del país, matando no solo sueños sino miles de hombres, mujeres e incluso niños. El proyecto Cybersyn, desarrollado entre 1971 y 1973 durante el gobierno de la Unidad Popular, terminó con los Hawker Hunter de la FACH sobrevolando y bombardeando La Moneda el 11 de septiembre. Con el fin del gobierno de Allende concluyó no solo el sueño socialista, sino también uno de los proyectos más importantes del mundo en materia tecnológica.
El día 11 llegamos y el director nos dijo que había conversado con el presidente el día anterior, que lo veía muy pesimista. Dijo que no salía vivo, que se suicidaría. Había estado trabajando en las Fuerzas Armadas. No dijeron claramente «esto va para algo», ya hay que preparar cómo sacamos la información más importante técnica. Seleccionamos cuatro saquitos de documentos. Todo esto mientras fuera estaba ocurriendo el golpe. Ustedes estaban recuperando información, escuchábamos por la radio y nos comunicábamos cada rato con las casas para decir «estamos vivos». En ese momento se vino una situación bien interesante porque dentro de la CORFO dieron la orden de que no salía nadie y se fueron a mirar cómo estaba la defensa del edificio. Fue muy divertido porque había una pistola, alguien tenía una pistola allí y otro que tenía un rifle de a postas. Esa era la defensa que había en la CORFO en esos momentos.
Pero se quedaron. Tuvimos que solicitar a las 11:30 de la mañana autorización para salir con nuestros bultos. Al final nos dieron la autorización y salimos con Raúl Espejo. Él tuvo una frase muy simpática: «Esto hay que salvarlo porque es historia». Salimos de ahí, atravesamos hacia la iglesia de las Agustinas que está al frente, y vino una ráfaga de ametralladora al suelo. Así comenzó nuestra acción de salir con cosas. Frente al Cerro Santa Lucía nos detienen. Cada uno con dos bolsos de documento. Llegan los carabineros y nos hacen mostrar todo. Nos pusieron con las manos en la pared y justo estábamos por mostrar cuando vienen y empiezan a disparar. Se suben y se van, y nosotros seguimos. Ahí salvamos caminando hasta la casa del señor Raúl Espejo que estaba por la calle Pedro de Valdivia. Ahí dejamos las cosas. El día sábado algunos fuimos a mirar qué había pasado. Vimos que los que se habían quedado los habían rapado en la puerta de La Moneda y la entrada de la otra calle que está al frente estaban destrozadas las puertas porque un tanque le había atravesado. Fue muy importante esa parte.
¿Qué pasó con la vida de todos los que participaron en el proyecto? ¿Qué ocurrió con los documentos y archivos del Proyecto Cybersyn? ¿Es cierto que desaparecieron? ¿Qué ocurrió con la sala de operaciones una vez que fue descubierta por los militares? Después del golpe militar, no sé si lo veían como algo peligroso, pero siempre es bien poco acertado haber destruido un proyecto de ese nivel. Era una locura lo que estaban haciendo. Se acabó el proyecto, todos desaparecieron. Nadie se vio más nunca. Rodrigo se fue a Buenos Aires, el gringo contó apenas pudo se fue también, estaba fuera. Otros nos fuimos a la playa, así como para desaparecer. ¿Qué supiste tú del proyecto? Nada, nada. Se terminó, eso se cortó, el país se cortó.
Los arquitectos Andrés Briceño y Tomás Vibanco, codirectores de FabLab Santiago, viajaron a Inglaterra a representar a Chile en la Bienal de Diseño de Londres con una reconstrucción a escala del Opsroom del Proyecto Cinco. Cuando la Bienal de Londres hace una invitación a participar a través del Consejo de la Cultura, el tema era la utopía. ¿Qué experiencia desde el diseño desde Chile podía tener más relación con la utopía? Este proyecto era una especie de encaje perfecto con el marco teórico que proponía la bienal. Cuando hablas hoy día de tecnología y de redes, te parece obvio un concepto superpotente que es la integración. Yo te diría que el fuerte del proyecto en el mensaje es que más que controlar, lo que se buscaba era integrar. Y en ese sentido es casi una especie de banda social hoy día. Y más encima si está cruzado con esta precariedad, con esta pobreza, incluso miseria como había en ese minuto, y se logra ese estándar de vanguardia, es tremendamente potente.
¿Por qué crees tú que se llegó a dar? ¿Cuáles fueron los factores que confluyeron en un proyecto de esta naturaleza? Estas circunstancias envueltas también por un liderazgo y una visión de una sociedad. Creo que en ese momento lideraba Allende, permitió la integración de todos estos personajes. Y también confluyó algo bien interesante: no había nada que perder. Entonces, como no había nada que perder, el arrojo fue total. En ese minuto había una voluntad por contestar preguntas, por resolver nuestros problemas, jugar con los recursos que tenía, precarios o no, pero había esa voluntad. Lo que ves ahora es completamente distinto. El escenario de algún otro modo está sujeto a que, por ejemplo, el país solamente exporta materia prima, y en ese minuto se quería hacer algo con esa materia prima. Un momento donde Chile producía televisores, ensamblaba autos. O sea, tú puedes decir «construyamos una imagen», pero hace cuánto tiempo que alguien no viene con ese liderazgo de poder movilizarnos hacia algún lugar. No sabemos dónde vamos a terminar, pero estamos pareciera cerca de la deriva.
Stafford Beer iba a decir: «This President, you and he said System Five at last. The People. The People». Muchas veces hemos conversado con algunos de los que estuvimos involucrados allí y su conclusión no es muy distinta a la que estoy diciendo: fue una experiencia muy de punta, de la cual todos nos enorgullecemos, pero que al final era un intento de resolver una mala idea que en el mundo en ese momento estaba de punta. Hablando del gobierno de Allende, primer año, desde el punto de vista de los resultados económicos ya… pero yo diría que a partir del segundo año, tanto la situación política como las cosas que no tomamos en cuenta adecuadamente hicieron que la economía comenzó a entrar en un estado de deterioro muy acelerado, lo cual agravó la situación política. Pero ni el golpe de estado ni los problemas que tuvieron que ver con el proyecto Cybersyn tuvieron que ver más bien por lo que era el fuerte enfrentamiento político de ese tiempo.
El proyecto Cybersyn, y eso insisto mucho, es un proyecto sociotécnico, no es un proyecto técnico. Silicon Valley es un proyecto técnico: la gente se dedica a eso, pero le importa un rábano cómo se organiza, cómo se distribuye, cómo se usan las cosas que producen. Cybersyn está pensando en la sociedad y la tecnología, cómo juntarla. Entonces, en ese sentido, es un proyecto precioso y un proyecto que hoy día no nos convoca de nuevo. ¿Cómo juntas un ordenamiento democrático participativo con un desarrollo tecnológico intensivo? Hubiese modificado completamente incluso nuestro territorio. La concentración geopolítica administrativamente está en Santiago, no sabemos bien cuántos somos, pero que estemos todos concentrados acá y no estemos aprovechando las regiones. Yo creo que este proyecto era mucho más transformador por lo que podía llegar a generar a través de transformaciones culturales que el proyecto en sí mismo.
Si hubiera funcionado y si se hubiera tenido el poder para seguir adelante, habría sido extraordinariamente importante porque el modelo te permitía manejar la economía. Pero manejar la economía no era que tú incidieras en la economía, sino que se gestionara la economía, y eso se podía haber llegado a manejar macro con mucha eficiencia, bastante más eficiencia. Pero las condiciones no estaban, las condiciones nunca fueron positivas para esto, fue una ilusión. Si bien es cierto originalmente esto fue para alimentarse de información de la producción de las empresas, también se tenía presupuestado extenderlo a la sociedad para que la sociedad hubiera participado de una manera más democrática. Y lo que pasó fue exactamente lo contrario: se impone un sistema que impide la comunicación democrática. Hubiera sido fantástico que se hubiera dado un salto cualitativo, que más allá de que el sistema sirviera para la economía, sirviera también para la participación ciudadana. El hecho de que todo el manejo político, la cantidad de carencias, la resistencia al cambio, hace que sea inviable. No era posible, no había una cultura tampoco posible para desarrollar este proyecto. Cybersyn era difícil. Yo pienso que de haberse seguido, hubiéramos vivido unos años extremadamente duros, pero sí lo que pienso que se podía haber dado del proyecto era el haber tenido una sociedad mucho más igualitaria, una sociedad donde el trabajador, el campesino, la persona, la dueña de casa, todos empiezan a tomar mucho más significado propio.
Stafford Beer se encontraba en Inglaterra cuando se enteró por un diario, simultáneamente, del golpe militar, de la muerte de Salvador Allende y, por consecuencia, del fin del proyecto de su vida, por el que había abandonado todo para irse al fin del mundo. Su sueño de una sociedad mejor a través de la tecnología había muerto junto al cadáver de Allende y a los restos humeantes del Palacio de La Moneda. Nunca se recuperó. Intentó un par de veces instalar el proyecto en otros países, pero no sería lo mismo. Eventualmente vendió todas sus pertenencias y se instaló en una cabaña en un bosque de Gales, desde donde salía a veces para dar alguna charla. Murió solo, viendo cómo su proyecto era revivido una y otra vez por investigadores asombrados en simposios, charlas y revistas especializadas.
Una de las posibilidades que otorga la historia es la de reflexionar no solamente sobre lo que ocurrió, sino además sobre lo que podría haber ocurrido. Y es este caso, el de Cybersyn, uno muy especial. ¿Qué habría ocurrido si este proyecto se desarrolla más allá del gobierno de turno? ¿Habríamos convertido este país en una Camelot de la informática? ¿Habríamos modificado nuestra matriz de desarrollo 20 años antes que el resto del planeta? Son preguntas que nunca nos vamos a poder responder porque perdimos la oportunidad. Desgraciadamente.

